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El alimento de los dioses

El chocolate fue uno de los grandes regalos que América le hizo al mundo. Los mayas y los aztecas lo adoraban como si fuese un dios. Estos últimos lo llamaban xocolatl, que es de donde los españoles lo tomaron para alumbrar el término chocolate, que pasó de la misma forma al inglés o al portugués y a formas muy similares en otros idiomas del viejo mundo como el francés (chocolat), el alemán (schokolade) o el italiano (cioccolato).

La base del chocolate son las semillas de un árbol tropical que hasta hace 500 años sólo crecía en las selvas americanas. El naturalista sueco Carl Linneo lo clasificó siglos más tarde como «Theobroma cacao», es decir, el alimento de los dioses. En origen así fue para las civilizaciones mesoamericanas, aunque también lo comían los hombres.

La llegada de los europeos en el siglo XVI posibilitaría que el cacao y el alimento que de él se deriva conquistasen el mundo. Hoy es una industria que mueve anualmente miles de millones de euros y se ha convertido en símbolo de países muy alejados de la selva tropical que vio nacer al cacao, lugares como Suiza o Bélgica, donde dicen que se elabora el mejor chocolate del mundo.

Pero mucho antes de que empresas como Lindt & Sprüngli, Neuhaus o Ferrero endulzasen a medio mundo el chocolate protagonizó su propia odisea histórica. Eso es lo que vamos a ver hoy en La ContraHistoria, de manera que poneos cómodos, preferiblemente con un buen tazón de chocolate y abrid bien los oídos porque lo que sostenéis entre las manos tiene más historia de la que se piensa.

En El ContraSello:

  • La batalla de Gettysburg
  • ¿Perdió Cervantes la mano en Lepanto?
  • Un recuerdo para Juan Antonio Cebrián

Bibliografía

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