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El sueño de Dédalo

Volar es uno de los anhelos más antiguos de la humanidad. Todas las mitologías están plagadas de divinidades aladas que dominan los cielos. También religiones monoteístas como el cristianismo tienen su dotación de ángeles y arcángeles con capacidad para volar por sus propios medios.

Pero una cosa es imaginar dioses alados y otra diferente conseguir que el común de los mortales pueda volar. Eso ya no pertenece al campo de la teología, sino al de la ingeniería. Dado que nuestro cuerpo no puede volar, ¿cómo hacer que un artilugio se eleve primero en el aire y luego avance hacia delante? Todo un desafío tecnológico que nació, como tantas otras cosas, en la antigua Grecia y que, tras 25 siglos desembocaría en el primer aparato volador más pesado que el aire.

A ese aparato lo conocemos como avión y hoy, casi 120 años después de su invención, nos parece de lo más normal, pero costó muchísimo llegar a él. Llegar a ese diseño aparentemente tan limpio y sencillo pero atiborrado de tecnologías sin las cuales no podría ni levantarse del suelo.

Antes de eso muchos fueron los que intentaron volar valiéndose de los ingenios más insospechados. Casi todos se jugaron la vida y algunos la perdieron. Ese fue el coste que hubo que pagar para que hoy nos desplacemos en avión cómodamente, a casi la velocidad del sonido y con la máxima seguridad.

Hoy en La ContraHistoria vamos a ver una de las historias de superación humana que más impacto ha tenido en nuestro mundo, la que nos permitió volar.

En El ContraSello:

  • El monitor Huáscar
  • Tres propuestas ‘contrahistóricas’

Bibliografía recomendada

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