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El valor no es objetivo

750.000 euros por un vestido. Se trata del que Audrey Hepburn se puso en «Desayuno con diamantes» y lo acaban de subastar en Christie’s. El escritor francés Dominique Lapierre, que era el dueño de la prenda hasta ahora, está encantado porque, según parece, semejante dineral lo va a dedicar a «comprar ladrillos y cemento que servirán para construir escuelas para los niños más pobres del mundo.» De la transacción se pueden extraer dos enseñanzas muy válidas para los tiempos que corren:

1.- Que la teoría del valor marxista es una superchería de lo más simple refutada a diario, pero no por otros teóricos sino por la realidad, que es muy tozuda y muy contrarrevolucionaria.

2.- Que el capitalismo funciona tan bien que un multimillonario caprichoso -a quien probablemente le importen un bledo los niños de la India- va a financiarles la casa por un simple pedazo de tela. ¿Mano invisible?, ¿preferencia temporal de la demanda?… quien sabe, el hecho es que este tipo sin coacción alguna va a soltar una pasta que irá directa a los que más la necesitan. A esto se le llama redistribución inteligente. Todos los agentes han salido beneficiados. El comprador tiene su vestido, Lapierre la conciencia tranquila y los niños de la calle una casa donde cobijarse. ¿Alguien da más?

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