La conquista de Tenerife

La última isla de Canarias en ser conquistada fue Tenerife, que es la más extensa del archipiélago y también la más accidentada. Tenerife es, de hecho, un continente en miniatura. El norte es verde y húmedo, el sur seco y soleado. En el centro se levanta una formidable cadena montañosa presidida por el Teide, un volcán que alcanza los 3.715 metros de altura. Eso no ha cambiado en los últimos siglos, así que lo que los conquistadores castellanos se encontraron a finales del siglo XV fue una fortaleza casi perfecta y además muy poblada.

En Tenerife, llamada Achinech por la población indígena, vivían los denominados guanches, un pueblo que, como en el resto de las Canarias, había llegado al archipiélago unos dos mil años antes provenientes del continente africano. Tenerife poseía, aparte de más superficie que el resto de las islas, ricos pastos para el ganado y suficiente agua para la agricultura. Los expertos estiman que su población rondaba los 15.000 habitantes en el momento de la conquista, una cifra respetable para los castellanos de la época, que realizaban expediciones con muy pocos efectivos y tenían que transportarlo todo por mar en pequeños barcos.

Ya en tiempos de Enrique IV de Castilla se había realizado un intento de apoderarse de la isla, pero era demasiado grande. Llegaron a un acuerdo con los guanches que no tardó en romperse. Décadas después, ya con Isabel la Católica en el trono, la corona encargó a Alonso Fernández de Lugo, un hidalgo andaluz que había participado en la conquista de Gran Canaria, que rindiese Tenerife. En 1494 y tras asegurarse el control de La Palma, desembarcó en Tenerife con un pequeño ejército formado por unos dos mil peninsulares y gomeros. Como había hecho Juan Rejón en Gran Canaria años antes, fundó antes de nada un asentamiento al que llamó Real de Santa Cruz que con el correr del tiempo se convertiría en Santa Cruz de Tenerife.

Desde allí se internó en la isla, pero fue derrotado por Bencomo, mencey de Taoro, que en el barranco del Acentejo aniquiló al ejército castellano. Los supervivientes se replegaron a Gran Canaria, donde Fernández de Lugo pidió ayuda al duque de Medina Sidonia, que le entregó un batallón de soldados curtidos en la guerra de Granada. Rearmado y repuesto regresó a Tenerife en 1495, volvió a internarse en la isla, pero esta vez conocía mejor la orografía y el modo de combatir de los isleños. Recorrió el norte de Tenerife derrotando a los menceyes hostiles uno a uno, entre ellos a Bencomo, que cayó en la batalla de la Laguna. Tras ello se tomó la revancha en el Acentejo acabando allí con la última resistencia organizada. En febrero de 1496 la conquista había terminado. Toda la isla estaba en su poder.

Fernández de Lugo fundó una ciudad, San Cristóbal de la Laguna, en el interior de la isla para ponerla a salvo de las incursiones de los piratas que merodeaban por las costas del archipiélago. Era una ciudad de nueva planta que serviría de modelo para las que, no mucho tiempo después, empezaron a aparecer al otro lado del Atlántico. En las décadas siguientes Tenerife cambió por completo. Se incorporó a la corona de Castilla y hasta ella acudió mucha población proveniente de Europa, pero los guanches no desaparecieron del todo aunque si lo hizo su lengua y su cultura.

Hoy en La ContraHistoria vamos a hablar de la conquista de esta isla que hoy tiene un millón de habitantes y es conocida en el mundo entero por su rico patrimonio y su privilegiado clima. Lo vamos a hacer con un lugareño, Carlos Pérez Simancas, que, afortunado él, reside allí todo el año.

Bibliografía

2 Comments

  1. Buen resumen. Nada que objetar. Le animo también a seguir con otros episodios nada desdeñable sobre los intentos, gracias a Dios, infructuosos, de conquista de Gran Canaria por parte de la Corona Inglesa y después de las Provincias Unidas, la más importante, a finales del XVI. La historia de España, hubiera dado un giro muy importante si hubieran vencido. Las nuevas generaciones de Canarios, cien años después de la incorporación de Canarias a Castilla primero, y a la España de los Austrias de esa época pelearon por evitarlo con una heroicidad encomiable. Como Canario y por tanto Español, me gustaría que se conociera más sobre ello. Mi tocayo, D Alonso Alvarado murió luchando por ello. Además hay fuerzas mediáticas y políticas tratando de difuminar primero y tergiversar después acontecimientos como estos a fin de imponer su agenda desmembradora de España. Un saludo desde Gran Canaria.

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