Los hijos del sol

El imperio inca duró sólo un siglo, pero se extendió más que ningún otro imperio precolombino. Sus límites los marcaban la cordillera andina por el este, el océano Pacífico al oeste y los actuales Ecuador y Chile al norte y al sur. Su centro neurálgico, tanto desde el punto de vista administrativo, político y militar estaba en la ciudad de Cuzco. En ese lugar elevado los incas, un pueblo quechua proveniente del altiplano, se establecieron en torno al siglo XII. A partir de ese momento iniciaron una expansión política y militar que terminaría por alumbrar un gran imperio a mediados del siglo XV.

De 1438 a 1533, los incas fueron conquistando grandes regiones de lo que hoy es Perú, Bolivia, Ecuador, Chile y Argentina, pero siempre al abrigo de los Andes. Para ello se valieron de una combinación de campañas bélicas y asimilación pacífica. Su idioma era el quechua y, aunque poseían una religión compleja, la divinidad superior era Inti, el dios sol. Al emperador, el llamado Sapa Inca, se le conocía como «hijo del sol». Fue un imperio un tanto peculiar. Geográficamente muy extenso, los incas fueron capaces de construir un imperio sin algunas tecnologías como la rueda, los animales de tiro, las armas de hierro y la escritura. Nos dejaron, eso sí, una soberbia arquitectura monumental, una extensa red de carreteras que llegaba a todos los rincones del imperio, textiles finamente bordados, el uso de cuerdas anudadas (quipu) para registrar acontecimientos y comunicarse y un sinfín de innovaciones agrícolas desarrolladas en un entorno natural tan hostil como el de la cordillera de los Andes.

Los incas no conocían el dinero, por lo que el intercambio se producía mediante trueque o servicios personales. En su momento álgido, en torno al año 1530, justo antes de que llegasen los españoles de la mano de Francisco Pizarro, el imperio abarcaba unos dos millones de kilómetros cuadrados y en su seno habitaban unos diez millones de personas de distintas etnias. La conquista española puso fin al imperio, pero no a las personas que le habían dado vida por lo que se ha mantenido -debidamente evolucionado- el idioma que hablaban, el quechua. Gracias a las crónicas escritas por los invasores, se ha podido hacer una historia aproximada del devenir, breve pero intenso, de este imperio.

Hoy en La ContraHistoria vamos a volver los ojos sobre el imperio de los incas, el mayor de América hasta que llegaron los españoles para fundar sobre sus cenizas el virreinato del Perú.

En El ContraSello

  • Dietrich von Choltitz, el «salvador de París»
  • La Francia de Vichy
  • Los monasterios

Bibliografía

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