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Putin y el mayoral de Bielorrusia

El presidente de Bielorrusia, que enfrenta desde hace semana y media protestas en su contra que tienen su epicentro en Minsk pero que ya se han extendido por todo el país, aseguró hace dos días que estaba dispuesto a compartir el poder, pero fijando él los términos de la operación. Conforme avanzan los días su posición es cada vez más frágil y no sólo por las manifestaciones que, obviamente, están teniendo mucha importancia, sino porque Moscú le está dando la espalda.

El cuarto de siglo que Aleksandr Lukashenko ha gobernado sin cortapisas en Bielorrusia se ha cimentado sobre el apoyo decidido por parte de los sucesivos Gobiernos rusos. Tanto Boris Yeltsin como Vladimir Putin utilizaron a Lukashenko como un títere para aumentar la influencia del Kremlin en el país hasta el punto de convertirlo en algo parecido a un protectorado. Eso no va a cambiar, pero si podría hacerlo el encargado de administrar ese protectorado, un hombre ya amortizado, con demasiados frentes abiertos y cuyas relaciones con Putin no atraviesan su mejor momento. Lukashenko podría no llegar a fin de año, pero lo más probable es que su régimen se mantenga.

En La ContraRéplica:

  • El chavismo y el medio ambiente
  • El problema con los mapuches
  • El uso de la mascarilla
  • Belarús y otras marcas agrícolas

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