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La conquista de Hispania

Los romanos llegaron a Hispania de puro rebote como consecuencia de la segunda guerra púnica. Pusieron el pie aquí por vez primera en el año 218 a.C, combatieron a los cartagineses, que habían organizado una ambiciosa expedición para tomar Roma con Aníbal al frente y, ya que estaban, se quedaron. Aquello duró casi 20 años y a su término Roma se enseñoreaba ya de todo el levante y el sur peninsular. En ningún momento consideraron abandonar lo que tanto les había costado retener.

Pero no eran los dueños de toda Hispania. Habían heredado los dominios que, hasta poco tiempo antes, ocupaban los cartagineses, pero no se conformaron con eso. Hispania era muy grande y quedaban ricos valles por conquistar más allá de los de los ríos Ebro y Guadalquivir. A eso mismo se afanaron en las décadas siguientes. Primero la emprendieron con Lusitania, luego con la Celtiberia y, más tarde, con los celtas que vivían en el extremo norte de la península.

No fue una tarea sencilla. Rendir toda Hispania y convertirla en un trasunto de la propia Roma les llevaría casi dos siglos. Los celtas y celtíberos resultaron ser especialmente duros, por lo que hizo falta poner toda la carne en el asador y muchos legionarios. Tanto que, una vez tomada la región septentrional, tuvieron que acantonar una legión que pasaría siglos allí y terminaría convirtiéndose en la ciudad de León, a quien le debe el nombre.

Pero mucho antes de eso tuvieron que emplearse a fondo desplegando a partes iguales diplomacia y fuerza bruta. Esto mismo es lo que vamos a ver hoy en La ContraHistoria.

En El ContraSello:

  • Agatha Christie
  • Curiosidades sobre el quetzal
  • La carrera nuclear

Bibliografía

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