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La paz que no gustó a nadie

Tras cuatro años y tres meses de lucha encarnizada en el primer conflicto bélico de alcance mundial, el armisticio llegó el 11 de noviembre de 1918. Ya no volaban las balas pero aún no se podía hablar de paz. El Imperio Alemán y el Austro-húngaro mascaban con amargura la derrota a la espera de que las potencias aliadas pusiesen fecha a una conferencia de paz que, dada la naturaleza extremadamente destructiva de la contienda, habría de redibujar el mapa de Europa y fijar duros términos para los vencidos.

La conferencia se convocó en París en enero, pero no acudieron los derrotados, la negociación se desarrolló sólo entre los vencedores. De ahí salieron los tratados de paz definitivos. El primero de ellos sería el de Versalles, firmado por los aliados y Alemania el día 28 de junio de 1919, hace ahora cien años.

Le seguirían todos los demás. En septiembre con los austriacos en Saint-Germain-en-Laye, en noviembre con los búlgaros en Neuilly, en junio del año siguiente con los húngaros en Trianon y en agosto con los turcos en Sèvres, aunque este último sería revisado y vuelto a firmar en Lausana durante el verano de 1923. Para entonces el crimen de Sarajevo quedaba ya muy lejano y el mapa de Europa había cambiado dramáticamente.

Se pensó que aquello solucionaría el problema europeo, pero no, contribuyó incluso a agravarlo. Fue una paz en la que nadie creyó, que a nadie gustó y que los derrotados no tardaron en violar. Hoy en La ContraHistoria volvemos los ojos sobre esta gran conferencia de paz, la más importante del siglo XX.

En El ContraSello:

  • El Plan 14.25 de la RDA para dopar a los deportistas
  • Historia reciente de España

Bibliografía

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